Theo Decker, un chico de 13 años, sobrevive a un atentado terrorista
en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York,, no así su madre,
que fallece en el acto. En medio de los escombros y el humo un
anciano moribundo llamado Welty le entrega un anillo y le suplica que
rescate una pequeña obra: El jilguero de Carel Fabritius. Aturdido
aún por lo sucedido, Theo esconde el cuadro en su mochila y huye del
lugar.
Abandonado por su
padre hace ya tiempo, Theo es acogido por la acaudalada familia de su
amigo Andy Barbour, que viven en un lujoso apartamento de Park
Avenue. Theo localiza al socio de Welty, un hombre llamado Hobbie y
le entrega el anillo que le dio este. Hobie se dedica a restaurar
muebles antiguos y acaba convirtiéndose en su mentor y figura
paterna.
Cuando las cosas
empezaban a irle bien reaparece su padre, que reclama su custodia
aunque su único interés es el económico. Su padre se lo lleva a
Las Vegas, donde se gana la vida con el juego, y se trasladan a una
urbanización semiabandonada en medio del desierto. Allí conoce a
Boris, un adolescente ucraniano que como él procede de un hogar
disfuncional, y se hacen grandes amigos. Boris introduce a Theo en el
mundo del alcohol, las drogas y la delincuencia juvenil.
Tras una tragedia en
Las Vegas Theo regresa a Nueva York y Hobie lo acoge como a un hijo.
Durante los años siguientes Theo se convierte en su socio en su
tienda de antigüedades y lo ayuda a mantener el negocio a flote, no
siempre de forma legal, pero su principal preocupación sigue siendo
el cuadro.
Theo lo ha tenido
oculto todos estos años y teme que en cualquier momento alguien lo
descubra y acabe pasando el resto de su vida en la cárcel. Esto le
genera mucha ansiedad y ataques de pánico. No sabe cómo hacer para
devolver el cuadro y salir bien librado, pero entonces Boris vuelve a
entrar en su vida y se ofrece a ayudarle, pues se siente en deuda con
él.
El libro me ha
encantado. Su primera novela, “El secreto”, me pareció un
tostón, pero esta es todo lo contrario. Pese a sus 1150 páginas no
es nado pesada, es muy ágil y tremendamente adictiva, sus páginas
se pasan volando.
La novela es
maravillosa, muy Dickens, de hecho el libro es como un David
Copperfield del siglo XXI. Empieza con una tragedia y a partir de ahí
acompañamos al protagonista desde chico hasta la edad adulta, y
entre medias le pasan un montón de cosas, no todas ellas buenas. Es
lo que se dice un “Bildungsroman”, una novela de aprendizaje. No
tiene desperdicio y ahora mismo es el mejor libro que he leído este
año.