Una ventosa mañana de octubre en un tranquilo suburbio de Copenhague, la policía realiza un terrible descubrimiento. Una joven ha sido asesinada y abandonada en un parque infantil. Le han amputado una mano y sobre el cadáver cuelga una pequeña figura hecha con castañas.
La joven inspectora Naia Thulin es la encargada del caso. Su compañero, Mark Hess, es un inspector descontento que recientemente ha sido expulsado de la sede central de Europol, en la Haya. En la figura de castañas descubren una misteriosa huella que les llevará a una niña, la hija de la ministra de Asuntos Sociales Rosa Hartung, desaparecida un año antes y que presuntamente está muerta. Un hombre confesó el crimen en su momento y el caso consta como resuelto y cerrado desde hace varios meses.
Al cabo de poco aparece otra mujer asesinada y de nuevo encuentran una figura de castañas con la huella que les lleva a la niña. Thulin y Hess presienten que los casos de la hija de la ministra y de las dos mujeres asesinadas, que tienen en vilo a todo el país, están relacionados entre sí, pero ¿cuál es la conexión? Thulin y Hess trabajan contra reloj porque temen que el asesino siga matando y creen que todavía no ha realizado su cometido final.
El libro me ha gustado mucho. Vi la miniserie el año pasado y he ido recordando cosas según avanzaba. Los capítulos son cortos y se leen muy rápido, se nota que el autor es guionista, es muy televisivo todo. Las últimas ciento y pico páginas es un no parar, tensión y acción por todos lados.
Aunque también tiene cosillas que tienes que aceptar porque sí. Que los protas descubran quién es el asesino cada uno por separado y lleguen al lugar casi al mismo tiempo. Que Hess ves una foto de un niño y reconozca al adulto en que se ha convertido. La identidad del asesino, que a lo largo del libro no te dan ninguna pista de quién puede ser y tienes que aceptar que sea ese personaje y que te lo expliquen todo al final, como pasa con los libros de Agatha Christie... Pero a pesar de estas conveniencias me ha encantado.
