Lee Goodwin es acusado de asesinato. El escenario del crímen es una casa oculta entre los árboles que alberga una destilería ilegal. Allí viven, entre otros, Ruby, una mujer que ha renunciado a todo por Lee, y Popeye, un sádico gángster marcado por una infancia terrible.
El abogado Horace Benbow lucha para que Goodwin no sea juzgado por ser quien es, sino por los actos de los que le acusan. Para ello necesita la ayuda de Temple Drake, una adolescente que siente una extraña atracción por el peligro. Pero Temple ha desaparecido.
De los tres libros que llevo leídos de Faulkner este es el que más me ha gustado y el que más fácil me ha resultado de leer. No hay narración experimental ni flujos de conciencia difíciles de seguir, algo típico del autor. Es una historia muy gangsteril, con abusos, prostitución y asesinatos. Mientras lo leía estaba bastante tenso, porque supe que había una escena bastante fuerte, pero al final no es nada explícito. Faulkner se limita a insinuar lo que ha podido pasar. Eres tú quien tiene que leer entre líneas. Personalmente creo que es un buen libro para iniciarse con Faulkner.

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