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martes, 18 de agosto de 2026

Almendra, de Won-Pyung Sohn


Yunjae tiene 16 años y está en la edad de las emociones desbordadas, el amor y la rabia. Pero las amígdalas de su cerebro son pequeñas, más pequeñas que una almendra y como consecuencia Yunjae es incapaz de sentir nada.


Educado por su madre y su abuela, aprende a identificar las emociones de los demás y a fingir estados de ánimo para no destacar en un mundo que pronto lo tachará de extraño. “Si tu interlocutor llora, tú entrecierra los ojos, baja la cabeza y dale una suave palmada en la espalda”, le dice su madre.


Así construye una aparente normalidad que se hace trizas el día en que un psicópata ataca a ambas mujeres en la calle. Desde entonces Yunjae debe aprender a vivir solo, sin deseo de derramar una lágrima, sin tristeza ni miedo ni felicidad.


A Yunjae le tienden la mano personas improbables: un antiguo amigo de su madre, una chica capaz de romper certezas e incluso un abusón con más afinidad de la esperada. Los tres quebrarán la soledad de Yunjae.


La novela me ha parecido absolutamente maravillosa. Jamás había leído nada relacionado con la neurodivergencia y con este libro he aprendido mucho. La enfermedad del protagonista es algo terrible de imaginar, no poder sentir ninguna emoción y tener que aprender cómo comportarse en cada caso para encajar y no ser un bicho raro; es dificilísimo. Luego tiene que hacer frente a una situación muy dramática, que es lo que le faltaba al pobre.


Me gusta ver cómo se adapta y que su enfermedad va evolucionando hasta superarla, aunque no sé si en la realidad esto podría ser posible. Sin duda esta ha sido una de mis mejores lecturas del año. Superrecomendable.

 

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