En el castillo de Glandier, la joven Mathilde Stangerson es víctima de un intento de asesinato en su propia habitación, una habitación amarilla cuya puerta estaba cerrada por dentro con llave y la única ventana tenía barrotes. Sin embargo, al lograr abrir la puerta los testigos no hallaron rastro alguno del agresor. ¿Cómo pudo salir?
El célebre inspector de la Sûreté francesa Fréderic Larsan se hace cargo del caso y convierte a Robert Darzac, el prometido de Mathilde, en su principal sospechoso. Joseph Rouletabille, un joven periodista de 18 años dotado de una lógica implacable y una capacidad deductiva extraordinaria, se presenta en el castillo para realizar su propia investigación, y entre él y Larsan comienza una carrera por ver quién resuelve antes el caso.
El libro me ha gustado mucho. Lo leí hace la tira de años y recordaba el plot twist de la identidad del asesino, pero no recordaba la resolución del misterio y ha sido como leerlo por primera vez. Rouletabille es como cualquier detective clásico del género, con lo joven que es se las sabe todas y parece saber más que un detective curtido como es Larsan. Su defecto es el mismo que sufre Sherlock, por ejemplo, que en vez de soltarnos pistas de vez en cuando, espera al final para soltarnos toda la explicación.
El caso también me pareció algo enrebesado, tienen que pasar ciertas cosas de una manera exacta y en un tiempo determinado mezclado con algunas casualidades. Aún así tengo curiosidad por leer la continuación.






