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martes, 24 de enero de 2023

Escrito en el agua, de Paula Hawkins


Hace años que Jules Abbott rompió toda relación con su hermana Nel. En los últimos meses esta llamaba a menudo a Jules pero ella siempre se negaba a contestar. Ahora la policía la informa de que Nel ha aparecido muerta, que se ha suicidado en la Poza de las Ahogadas, un lugar en el que hace siglos ahogaban a las sospechosas de ser brujas y donde a lo largo de los años muchas mujeres se quitaron la vida, lugar que a Nel siempre la había obsesionado y fascinado por su historia local. 

Así que Jules se ve obligada a regresar a su pueblo natal, Beckford, un lugar que detestaba y que había borrado de su mente, para hacerse cargo de su sobrina adolescente y tratar de averiguar en qué andaba metida su hermana y qué la empujó al suicidio, si es que realmente se suicidó. 


Reconozco que Paula Hawkins es un placer culpable. Con ella me pasa como con Javier Castillo y Gómez-Jurado. Sus libros son terriblemente absorbentes, utiliza una prosa simple y ágil que te engancha enseguida y ya no puedes parar de leer, pero una vez terminados te olvidas de ellos. El equivalente literario de la comida rápida, vamos. 

El libro me ha gustado y prácticamente lo he devorado. Va dándote información con cuentagotas y el misterio se prolonga hasta las últimas páginas. Es verdad que hay mucho culebrón por el medio, pero bueno, es lo típico de la autora y hay que tragárselo. Lo que menos me gusta es esto y que haya muchos narradores en 1ª persona. Prácticamente todos los personaje principales son narradores, te cuentan lo que pasa desde su punto de vista, y esto puede resultar algo confuso al principio. 

Es una novela entretenida y te lo pasas bien leyéndola. Ya está. 

7/10

jueves, 29 de noviembre de 2018

La chica del tren, de Paula Hawkins


Rachel toma todas las mañanas el tren de las 8:04 para ir de la estación de Ashbury a la estación de Euston en Londres. Rachel tiene graves problemas de alcoholismo y a causa de ello la han despedido de su trabajo, pero no se lo ha dicho a su compañera de piso y todos los días coge el tren para hacerle creer que va al trabajo. En el trayecto Rachel se evade de la realidad mirando por la ventana y en uno de los puntos en los que se detiene el tren, Rachel puede ver su antigua casa, en la que su ex-marido Tom ha rehecho su vida con la mujer con la que le ponía los cuernos, y su hijita pequeña. Pero es otra casa de ese barrio en la que siempre se fija. Allí ve siempre a un joven matrimonio, felices y haciéndose carantoñas, en su jardín. Estos le recuerdan a cuando su matrimonio iba bien y Rachel se imagina unos nombres para ellos y cuál puede ser su historia. Pero un día ve algo a lo que no da crédito: la mujer besando a otro hombre en su jardín.
Rachel no puede quitárselo de la cabeza. ¿Cómo puede hacerle eso a su marido? Con lo felices que parecían. Rachel no puede dejarlo estar y está decidida a ir a su casa a hablar con ella, pero esa noche está tan borracha que a la mañana siguiente no recuerda nada de lo que hizo, solo sabe que tiene un golpe en la cabeza y hay sangre en su ropa. Entonces descubre que el marido ha denunciado la desaparición de su esposa y Rachel empieza a temerse lo peor. ¿Acaso ella… ?

Tenía muchas ganas de leer este libro. Cuando quise cogerlo en la biblioteca alguien se me había adelantado así que tuve que esperar. Cuando se publicó enseguida se convirtió en un fenómeno literario e hicieron la película y tal, así que llevaba tiempo en mi lista de pendientes. La verdad es que el libro me ha tenido enganchadísimo. Ya no recuerdo la última vez que estuve así de absorbido. Normalmente suelo leer unas 100 páginas a día pero con “La chica del tren” llegué hasta las 130-140, y es que no podía parar de leer. Es verdad que la novela tiene mucho de culebrón (infidelidades, despecho, la víctima no es ninguna santa; de hecho me cae fatal y no me da ninguna pena cómo acaba), pero aún así me ha gustado y la identidad del asesino es toda una sorpresa.
A ver si me veo pronto la película.