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jueves, 27 de noviembre de 2014

La pirámide de fuego y Un fragmento de vida, de Arthur Machen


Arthur Machen es un escritor de terror de finales del siglo XIX y principios del XX cuya obra influyó a algunos de los más destacados autores del género, como Lovecraft, Clark Ashton Smith y Ron E. Howard entre otros. Sus escritos trataban sobre hadas y otras criaturas mitológicas de la tradición celta, alejándolas de su imagen idílica de los cuentos y enfocándolas más hacia el terror. Machen es el creador del mito de los ángeles de Mons, en el que supuestamente unos ángeles protegieron a un pelotón de soldados británicos en la batalla de Mons en 1914, durante la 1ª Guerra Mundial, lo que inspiró a Tolkien para la tercera parte de ESDLA. Su libro más conocido es “El Gran Dios Pan”, considerado todo un clásico del género, en el que un científico loco realiza un experimento con una mujer para que sus ojos sean capaces de ver al terrible dios Pan, que vive en otra dimensión.

Stephen King menciona a Machen y este libro en la dedicatoria de su último libro, “Revival”, que ya ha salido en Estados Unidos (en España aún tendremos que esperar hasta mediados del año que viene), así que me puse a buscarlo en mi biblioteca, pero no lo tenían. Sin embargo sí tenían estos dos libros, así que los cogí para ver qué tal escritor era.
“La pirámide de fuego” consta de tres relatos, los dos primeros forman parte de “Los tres impostores”, uno de sus libros más conocidos (como “Las mil y una noche” pero con relatos de terror) y el tercero es el que da título al libro.

En “La novela del Sello Negro”, el profesor Gregg investiga una piedra negra con extrañas runas grabadas en ella, que está convencido podrá llevarle a descubrir la existencia de un mundo subterráneo en el que viven las hadas, no las buenas e idílicas de las leyendas, sino los seres diabólicos y peligrosos que verdaderamente son.
En “La novela de los Polvos Blancos”, el protagonista es Francis Leicester, le hermano de la narradora, un estudiante de Derecho que se pasa todo el tiempo encerrado en su habitación estudiando, lo que empieza a preocupar a su hermana. Su salud empieza a resentirse y el médico le receta unos polvos blancos. Al empezar a tomarlos su salud se restituye, pero aún así sigue tomándolos y un día su hermana le descubre una mancha negra en el dorso de la mano. Él le quita importancia pero la mancha va aumentando, y acaba convirtiéndose en un horrible monstruo amorfo y gelatinoso.
Y en “La pirámide de fuego” un hombre llamado Vaughan descubre que en sus tierras alguien ha hecho unos dibujos juntando varias piedras, que cambian de un día para otro, e invita a su amigo Dyson a pasar unos días a su casa para que le ayude a resolver el misterio.

Bueno, pues el libro me ha gustado mucho. El primer relato es una mezcla de misterio y fantasía que está muy bien desarrollado. El segundo es puramente de terror y me recordó al relato “Materia gris” de Stephen King, porque al protagonista le pasa algo parecido. Y el tercero sigue la línea del primero. Este librito de 150 páginas es excelente y solo por él habría afirmado sin ninguna duda que Arthur Machen es uno de los mejores y más talentosos escritores de su época, sin embargo “Un fragmento de vida” no me gustó nada, y es que en el libro no ocurre nada relevante. Básicamente trata del día a día del matrimonio protagonista, los Darnell. Se echan un montón de páginas discutiendo cómo amueblar una habitación de su casa, pero sin gastarse más de 10 libras y al final se queda en nada, y luego piensan en alquilarla, pero tampoco, y luego entra en escena la tía de la esposa, que ha descubierto que su marido le es infiel. Y ese tipo de cosas. Edward, el marido, es un tipo amargado que lleva una vida muy aburrida y sus únicos momentos de felicidad tienen lugar cuando duerme, pues sueña con bosques y cascadas, que le recuerdan a su infancia, y al despertar le viene el bajón.
El libro nada tiene que ver con el resto de su obra, no hay fantasía ni terror y eso me decepcionó bastante. Al menos es corto y se lee enseguida.

De todas formas, pese a este pequeño bache, lo considero un buen escritor, y trataré de encontrar el de “El Gran Dios Pan”, a ver si es tan bueno como dicen.  

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