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miércoles, 15 de octubre de 2014

The Blacklist. 1ª temporada

James Spader encarna a Raymond “Red” Reddington, uno de los criminales más buscados por el FBI desde hace 20 años y un día, así por las buenas, se presenta en la sede del FBI. Un criminal llamado Ramko Amani, que oficialmente lleva años fallecido y es responsable de varios de los peores atentados terroristas, acaba de llegar a Estados Unidos. Reddington sabe lo que está planeando, pero solo hablará con Elisabeth Keen, una agente recién salida de la Academia especializada en perfiles psicológicos, para la que este es su primer día en la Agencia. Elisabeth no conoce a Reddington de nada y no sabe por qué la ha elegido a ella, pero ante la actual situación accede a hablar con él. Reddington se muestra amigable con Elisabeth y le demuestra que sabe mucho sobre ella, algo que pone a Lizzie furiosa, y éste le revela que Amani piensa secuestrar a la hija de un general en cuestión de una hora.


La cosa acaba complicándose bastante y no pueden impedir el secuestro, aunque finalmente todo sale bien y recuperan a la niña. Entonces Reddington les dice que Amani solo era el primero, que tiene en su poder una lista con los nombres de los más peligrosos criminales del mundo, algunos de ellos conocidos por el FBI, pero muchos otros que no, y Red se ofrece a ayudarles a capturarlos, pero solo lo hará si trabaja directamente con Elisabeth.
Reddington le reveló a Elisabeth que su marido Tom no era quien ella creía, pero ella no le hizo caso; al final del piloto acaba descubriendo bajo el suelo de su salón una caja con una pistola, dinero y pasaportes con diferentes identidades de Tom, y esto la empuja a asociarse con Reddington, para que le cuente lo que sabe, si es que no se trata de una maniobra suya.


Decir que esta serie es alucinante es quedarse corto. Hacía mucho tiempo que no estaba tan enganchado a una serie. Normalmente veo los capítulos de dos en dos, pero aquí me los vi de tres en tres, porque no era capaz de esperar, y esto se debe a la gran interpretación de James Spader, que hace un papelón. Su personaje, Red, es muy carismático y cuando aparece se apropia al momento de la escena. Me encantan sus primeros minutos en el piloto: llega a la sede del FBI, deja el maletín en el suelo, se quita el abrigo y el sombrero y cuando empieza a sonar la alarma se arrodilla con toda tranquilidad, como si aquella fuera la cosa más normal del mundo. En cierto modo me recuerda Hannibal Lecter, tanto puede ser un tipo de lo más divertido como ponerse en plan psicópata y rajarte el cuello.
Aparentemente la serie es procedimental, en cada capítulo tienen que pillar a uno de la lista de Red, pero en los últimos capítulos descubres que los nombres que Red le dio al FBI no siguen un orden aleatorio sino que forman parte de un calculado plan de Red para dar con el tipo que lleva ya tiempo saboteándole sus negocios, un hombre que utiliza el alias de “Berlín”.

El doble capítulo final es de infarto y contiene un par de giros verdaderamente sorprendentes. El primero, la identidad del tal Berlín, que es un ¡zas!, en toda la boca, y en el otro, descubrimos por qué Lizzie es tan importante para Reddington, algo que en cierto modo esperábamos. Lo que me sigue pareciendo confuso es lo de la foto de la niña. Tanto Red como Berlín la tienen, así que, ¿de quién es hija? Mi teoría, a falta de más información, es que es la hija de Berlín; Red le hizo creer que la habían asesinado y luego la crió como suya, pero Berlín descubrió la verdad y por eso va a por Red,
Esperemos que en la 2ª temporada aporten algo de luz sobre este misterio.

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